

Hace unas semanas atrás tuve que ayudar a algunos de mis clientes y a mi propio hijo adolescente a navegar un gran momento de desilusión en sus vidas. Después de haber celebrado varias cartas de aceptación de las universidades donde aplicaron, llego la esperada/inesperada noticia que la universidad donde mas anhelaban entrar había rechazado su aplicación.
Como muchos padres, mi instinto es querer proteger a los que más amamos del dolor, de la frustración. Quisiera nunca verlo sufrir. Pero como terapeuta, se que en estos momentos, es cuando esta aprendiendo una de las lecciones mas valiosas de la vida; y es el aprender a procesar emociones difíciles, a re-evaluar sus objetivos y a fortalecer su capacidad de resiliencia ante los percances inevitables de la vida.
La resiliencia es nuestra capacidad de superar, adaptarnos y recuperarnos de las adversidades. No es lo mismo soportar e reprimir nuestras emociones ya que eso nos puede llevar a acumulación de ansiedad y tener consecuencias negativas para nuestro bien estar. Cuando afrontamos la desilusión, tenemos que reconocer que es un proceso que va por etapas. Primero, tenemos que validar que lo que estamos viviendo es un momento difícil. Es importante permitirnos procesar esa perdida, y reconocer que es una experiencia universal compartida.
La resiliencia es nuestra capacidad de superar, adaptarnos y recuperarnos de las adversidades.
Al mismo tiempo, podemos buscar encontrar y fortalecer esa voz interna que nos ofrece aliento y que confía en nuestra capacidad de sobrepasar las tempestades de la vida ie. “Esto es difícil ahora, que necesito en estos momentos para sobrellevar esto. He pasado por momentos difíciles antes? Que aprendi de eso momentos?” Se vale llorar y buscar apoyo de las personas que pueden darnos aliento y a la vez su comprensión. Todos sabemos que es sentir la desilusión.
Como la mayoría de las cosas debemos practicarlo, verlo modelado, e integrarlo como un aprendizaje para la próxima vez. Para ser un apoyo real para nuestros seres queridos recordemos que no es lo mismo dar una palmadita en la espalda y simplemente decir “miren el lado bueno”. En realidad, esto daría como resultado que se omita la lección. Se trata de validar esa decepción, unirse a la experiencia universal compartida que es la decepción y darles el espacio y el tiempo para sentir, procesar su pérdida y también ofrecerles aliento expresando su confi anza en su capacidad para recuperarse, a su ritmo y no el tuyo!