

“Pero ¿por qué no ha perdonado si fue hace tanto tiempo?,” Ya debería haber superado eso,” o “Ya tienes que pasar la página.” Cuando una persona nos hiere, hablamos mucho del perdón como un acto trascendental que si solo decidiéramos hacer, aliviaríamos todo nuestro dolor. Es cierto que cargar esas heridas nos agobian y que no puede afectar no solo nuestro estado de ́ánimo, nuestras relaciones y hasta nuestra salud, pero que pasa si no es solo cuestión de “perdonar”?
Hablamos mucho del perdón sin entender la psicología o el proceso del perdón.Y ¿qué pasa cuando esas heridas son tan profundas que se categorizan ya como un trauma?
Nuestro cerebro esta programado para darle más importancia y énfasis en recordar las cosas malas/dolorosas que pasan en nuestras vidas que las positivas. Por esto hay una muy buena razón- y no, no es porque seamos personas negativas, desagradecidas, rencorosas y mucho menos débiles.
Nuestro cerebro esta diseñado para protegernos y estar consientes de posibles amenazas en nuestro entorno tanto a lo que nos puede causarnos dolor físico como emocional, que signifi ca que le damos prioridad a lo que implique una amenaza a nuestro bienestar.
Así que recordamos los lugares, las personas, los eventos y hechos que nos puedan causar dolor para poder huir o prevenir al exponernos o tener que revivir algo que nos angustie o lastime. El recordar es como nuestro cerebro entiende de que nos tiene que proteger.
Una amenaza emocional incluye situaciones o relaciones donde llegamos a sentir: rechazado, vergüenza, abandono, humillación, pena, o desprecio. Situaciones o personas que nos hagan sentir de esta manera se registran en nuestra memoria implícita, que funciona desde el inconsciente. No siempre consiente de que tanto esas heridas estén allí, seguimos con nuestras vidas hasta que algún comentario, gesto, pensamiento, o un intercambio con alguien detone esas emociones o una reacción no deseada.
Nuestro cerebro esta diseñado para protegernos y estar conscientes de posibles amenazas en nuestro entorno tanto a lo que nos puede causarnos dolor físico como emocional…
En mi experiencia el verdadero “perdón” no viene antes, sino después de un proceso de entender primero tus heridas, como te afectan y como sanarlas. La expectativa, nunca debe de ser de exigirte o a alguien que “perdone” sin este proceso ya que lo único que verdaderamente están logrando es ignorar, anestesiar o reprimir esas heridas. El objetivo debe de ser de crear consciencia de esas heridas para acompañarnos con compasión, establecer limites que te den seguridad emocional o física si es necesario, y saber cuando no nos convienen ciertas situaciones o personas.
Cuando nos sentimos mas empoderados y emocionalmente seguros, desde allí, es mas accesible ese perdón. Pero ojo, no es lo mismo el perdón que la reconciliación!