

Los viejos paradigmas de crianza nos hicieron creer que nuestra obligación como padres es hacer de nuestros hijos unos “pequeños adultos” lo más rápido posible.
Que si logramos que obedezcan y actúen con madurez hemos hecho nuestro labor de criar adultos preparados para ser exitosos y capaces. Y aunque es cierto que nuestra obligación como padres es prepararlos para lo que les espera, he visto como en nuestro afán de hacer de ellos buenos adultos se nos olvida que la niñez es una etapa de desarrollo compleja, vital y hermosa que no se puede saltar ni apresurar. De hecho, podemos correr el riesgo de hacer que este proceso sea mas frustrante y desalentador tanto para nosotros los padres como para nuestros hijos cuando no tenemos expectativas realistas o entendimiento de las herramientas de crianza efectivas que nos pueda ayudar a navegar esta etapa con mas comprensión y respeto por el proceso natural de aprendizaje que están viviendo. La verdad es que respetar la los derechos de nuestros hijos va mas allá de no mal tratar. Respetar el derecho de un niño, ser un niño es:
Entender que los niños no son pequeños adultos. La niñez es una etapa de desarrollo con sus propias enseñanzas y proceso.
Hay que tener expectativas reales de comportamiento, habilidades cognitiva, y necesidades sociales, emocionales y físicas acorde con su edad y etapa de desarrollo.
Entender que no podrán modular o regular sus propias emociones solos. Ayudemos a “co- regular” sus emociones modelando un estado de calma.
Estar preparados para aceptar los errores como parte de su proceso de aprendizaje.
Darles la oportunidad de intentar de nuevo -sin prejuicio- para que puedan practicar el comportamiento esperado.
Establecer consecuencias justas y congruentes con el comportamiento y apropiado a su edad.
Evitar castigos excesivos al comportamiento que los pueda dejar sintiendo vergüenza i.e. “Yo soy malo.”
Darles limites claros, consistentes y continuar guiando para apoyar el proceso de aprendizaje.
Padres, no hay vergüenza en decir que no lo sabemos todo! También tenemos nuestra propia curva de aprendizaje, pero a diferencia de nuestros hijos, es NUESTRA responsabilidad buscar información, aprender y aplicar. Busquen guías, lean, atiendan talleres, hablen con otros padres a quien admires o busca un profesional que les ayude a comprender no solo como satisfacer las necesidades físicas y sociales sino también como fomentar un apego seguro con sus hijos para toda la vida.