En el mundo de hoy donde constantemente estamos bombardeados por imágenes de familias, parejas y vidas perfectas; ahora resulta que también debemos tener emociones “perfectas”.
Desde un tiempo atrás hasta ahora ha surgido una tendencia a categorizar nuestras emociones como “buenas” y “malas”. Con eso hemos terminado en moralizar algo tan natural como lo es el sentir.
Por ejemplo, si estamos felices, pues eso es “bueno”; pero si sentimos ansiedad o rabio, eso es “malo” y por ende tenemos que eliminar ese sentimiento de la raíz.
Un deseo entendible, mas sin embargo irreal porque no hay nada mas humano que sentir. Y no solo nuestras emociones “buenas” sino el espectro completo de emociones.
Hemos llegado a tal punto que ya no sabemos como relacionarnos con nuestras emociones e incluso le tenemos miedo al sentir emociones incomodas. Queremos sentirnos feliz en todo momento sin entender que implicaría eso.
Nuestras emociones son nuestros mensajeros; existen para dirigirnos hacia lo que necesitamos. Es como nuestro mundo interior se comunica con el mundo exterior. La tristeza, por ejemplo, nos demuestra donde necesitamos mas apoyo, y la rabia nos indica donde necesitamos mas protección o limites. Sin ellos, estaríamos perdidos.
Partiendo de esta tendencia al querer sentir solo cosas positivas, empezamos a oír frases como, “Solo buenas vibras,” “Solo piensa en cosas bonitas,” o “ Solo tienes que estar agradecido”. Esto es lo que en psicología llamamos ‘positivismo tóxico.’
Quiero ser clara; no es que ser positivo sea algo ofensivo, pero dependiendo del contexto y la gravedad de la situación podemos terminar invalidando y aislando a alguien que puede estar buscando apoyo. Incluso, podemos terminar invalidándonos a nosotros mismos.
Si acabamos de perder a un ser querido o nos acaban de dar la noticia de un diagnostico grave, tal vez lo que mas necesitamos en ese momento es la presencia de alguien compasiva y empatica. Que nos escuche y que nos de el espacio para sentir lo que estamos sintiendo.
En vez de buscar la manera de ‘no’ sentir esas emociones tan no deseadas, primero debemos entenderlas, aceptarlas en nosotros y en otros sin minimizar la realidad.
Antes de prescribir una buena dosis de positivismo para aliviar los males del corazón, empecemos por intentar:
Muchas veces, logramos mas alivio y consuelo con compasión que con positivismo.